sábado, 21 de abril de 2018

La izquierda y el poder en América Latina

Estamos totalmente conscientes de lo controversial del tema que aquí ponemos sobre la mesa: el de la validez de las formas de la democracia liberal burguesa para acceder y mantener el poder por parte de la izquierda en América Latina.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Estas reflexiones nacen después de observar distintos acontecimientos que han tenido lugar en los últimos quince días. En primer lugar,  ver a Luiz Inacio “Lula” da Silva entrar en la cárcel de Curitiba en Brasil y, por otro lado, escuchar la acusación del Fiscal ecuatoriano contra Rafael Correa por haber calculado la deuda externa del Ecuador de acuerdo a los manuales del FMI. Podríamos agregar más: las acusaciones contra Cristina Fernández en la Argentina o las amenazas de la oposición venezolana y sus compinches internacionales de llevar a Maduro ante un tribunal internacional.

En segundo lugar, presenciar el cambio de mando en Cuba, en donde la Asamblea del Poder Popular ha electo a Miguel Díaz-Canel presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. A diferencia de los ex presidentes antes mencionados, Cuba mantiene su proceso revolucionario incólume, sin pasar por los avatares de la judicilización de la vida política, que se ha erigido en parte importante de la política imperial del soft power.

Cuba ante el relevo generacional

En esta hora también debemos recordar el enorme valor de los triunfos y sacrificios realizados por los patriotas cubanos, hombres y mujeres, antes y después del triunfo de la Revolución, en una larga batalla que está inevitablemente vinculada a la historia de nuestra América Latina.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro.
En el año 59 de la Revolución, el 57 de la derrota del imperialismo estadounidense en Playa Girón, y el número 56 del bloqueo criminal decretado por el presidente John F. Kennedy contra la isla y su pueblo,  Cuba inicia una nueva etapa de su heroico batallar por la dignidad, la soberanía, la defensa de la patria y la posibilidad de construir una sociedad más justa. Una generación icónica, la de los comandantes de la Sierra Maestra, pasa el testigo de la conducción política a la generación nacida después del triunfo revolucionario de 1959: tal es la profunda significación del acto en que la Asamblea  Nacional del Poder Popular eligió a Miguel Díaz-Canel como nuevo presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, en sustitución de Raúl Castro, quien se mantendrá como Secretario General del Partido Comunista hasta el 2021.

Doce presidentes estadounidenses después, ¡Cuba sigue enhiesta y altiva!

Hoy, Miguel Díaz-Canel se ha transformado en presidente de la república de Cuba. Para el que quiera escucharlo, sus primeras palabras en esa condición no dejan duda alguna: “Aquí no hay espacio para una transición que desconozca o destruya la obra de la Revolución. Seguiremos adelante sin miedo y sin retrocesos; sin renunciar a nuestra soberanía, independencia, programas de desarrollo, e independencia”.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Han hecho todo lo posible, legal e ilegalmente, han quemado cañaverales, han introducido plagas a los animales, las plantas y las personas, organizaron, armaron y financiaron una invasión militar que el pueblo cubano derrotó en menos de 72 horas un día como hoy hace 57 años, han promovido deserciones y riesgosas migraciones ilegales, han robado cerebros, han intentado asesinar a sus dirigentes centenares de veces , han mantenido un bloqueo ilegal e inhumano por casi 60 años, se sostienen de manera ilegítima en la base naval de Guantánamo contra la voluntad del pueblo cubano, han gastado miles de millones de dólares en la subversión, el sabotaje y el terrorismo, pero no lograron su objetivo: no sacaron ni a Fidel ni a Raúl del poder, ellos se fueron por voluntad propia y por decisión del pueblo cubano.

Raúl Castro en la presidencia de Cuba

Sin duda Raúl Castro Ruz es de esos grandes hombres que han consolidado a su nación. En estos años de gobierno, sacó a flote a Cuba de los más duros tiempos desde el periodo especial.  Logró restablecer las relaciones diplomáticas con el gobierno de Estados Unidos de América e invitó al presidente Obama a estrechar las nuevas relaciones cuando visitó La Habana.

Adalberto Santana / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de México

A casi un decenio de estar en la presidencia de la República de Cuba, el 19 de abril de 2018 Raúl Castro dejó de ocupar dicho cargo. Su llegada el poder presidencial aconteció el 31 de julio de 2006, momento en que Raúl Castro asumió temporalmente la primera magistratura de su país junto con la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros. Más tarde fue electo en el año de 2008 por  parte de la Asamblea Nacional para  continuar en el cargo y fue reelecto nuevamente en 2013. Fueron casi diez años en que el expedicionario del Granma, ex guerrillero y estratega militar del Movimiento 26 de julio (M-26-VII) combatió contra la dictadura de Fulgencio Batista en la Sierra Maestra. El general Raúl Castro también fue el principal responsable del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y ocupó legítima y éticamente la presidencia de la Cuba revolucionaria, cuando el comandante Fidel Castro dejó el cargo de presidente de la patria de José Martí.

El fracaso de la Cumbre de las Américas

La VIII Cumbre ha sido un fracaso histórico. La única novedad destacada por la prensa internacional fue la posición del gobierno de Perú que no invitó a Nicolás Maduro. La Cumbre apenas pudo formular el tema central: “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, una verdadera burla bajo la presencia de ciertos gobernantes latinoamericanos involucrados precisamente en ella.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y Presente - blog

La primera Cumbre de las Américas se realizó en Miami (EE.UU.), en diciembre de 1994. Participaron 34 jefes de Estado y de gobierno, que se subordinaron a la idea central de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un reiterado sueño norteamericano (aunque con distintos nombres) desde el I Congreso Financiero Panamericano realizado en 1915 por iniciativa del presidente Woodrow Wilson. De acuerdo con la “Declaración de Principios” que se aprobó, el ALCA debía estar lista en 2005.

México, las razones del empresariado

A buena parte de los empresarios en sus distintos estratos,  los agobian los costos enormes que representa para sus ganancias el negocio de la corrupción. Los afecta que México sea uno de los países más violentos del mundo, producto de una criminalidad desbordada que los expone a los secuestros y a la extorsión.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Recientemente he visto una entrevista breve que se le hizo a Miguel Torruco,  empresario hotelero mexicano. El referido empresario resulta una voz  importante en tanto que es importante en el mundo empresarial por la magnitud de sus inversiones, por haber sido presidente de la Confederación  Nacional Turística (2007-2012), Secretario de Turismo de la Ciudad de México (2012-2017).  Y recientemente por el hecho de que Andrés Manuel López Obrador lo ha designado como un eventual Secretario de Turismo en el gabinete que formaría en el caso de ganar las elecciones del próximo 1 de julio. Un hecho novedoso en esta tercera campaña presidencial de López Obrador, es que ha podido granjearse el apoyo de un sector importante el empresariado mexicano. Han quedado atrás aquellos momentos en los cuales la inmensa mayoría del capital, tenía una postura militante contra Andrés Manuel por considerarlo “un peligro para México”, en tanto que era encarnación del “populismo autoritario”.

Costa Rica ante el siglo XXI

El horizonte que se abrió  anchuroso el pasado 1ro. de abril  debe ser fuente de inspiración y generador de la energía que, sin duda, será indispensable para poner las bases de la Costa Rica de la nueva época. De lo contrario, se desaprovecharía esta oportunidad única; los nublados se podrían convertir en tormentas.

Arnoldo Mora Rodríguez / Especial para Con Nuestra América

Pocas veces desde la Guerra Civil de 1948  se ha visto a nuestro pequeño país puesto en la mira de la opinión pública mundial como en las recién pasadas elecciones, tanto en la  primera etapa (4 de Febrero) en que se eligió  a los 57 miembros el Poder Legislativo, como en la segunda (1ro. de Abril) en que  se eligió a quienes habrán de asumir el Poder Ejecutivo.  Hay que felicitar al pueblo costarricense por la muestra de madurez democrática demostrada sobre todo en la segunda etapa; no sólo escogió libremente a sus gobernantes, sino que lo hizo sabiamente.  Porque estamos ante un proceso eleccionario atípico, como sólo se había dado durante la década de los 40s del siglo pasado. Más que unas elecciones para elegir  rutinariamente diputados y presidente, estuvimos ante un proceso político de rasgos inconfundiblemente plebiscitarios. Se trataba de escoger entre dos modelos de país; se le ofrecían al pueblo costarricense dos tipos de país, que significaban, o anclarse confusos en el pasado, o abrirse con entereza y lucidez a una nueva época, ciertamente cargada de retos pero también con horizontes tachonados de fulgores y esperanzas. Y Costa Rica, según mi real saber y entender,  optó  por amplia mayoría por la segunda alternativa inspirada en los mejores valores cívicos, herencia de dos siglos de hermosa historia republicana.

La mentira más grande del mundo

Cuando queremos aclarar por qué no ha logrado la gran mentira derrocar al gobierno revolucionario de Venezuela tenemos que explorar tanto lo nuevo en los ideales y valores de los insumisos, como los que se hacen realidad en la variada organización de la resistencia militar, a la que se suma la fuerte y estructurada resistencia intelectual y moral, que fortalece los valores con palabras y hechos.

Pablo González Casanova / LA JORNADA

Nunca el imperio había mentido tanto como lo que hoy ignora en relación con un poder perdido.

Las ridículas y pedantes amenazas de su Gran Jefe, como supuesto defensor de la democracia, son vistas como las de un demente que, al amedrentar al mundo con su inmenso poderío, a nadie convence con sus desplantes y mentiras. Preocupan sus declaraciones y decisiones por la ferocidad insana que expresan y que pueden terminar en un holocausto que él mismo viviría, en sus últimos momentos, y haría vivir a los suyos y al país que gobierna.

Brasil: ¿Inocente o culpable?

La legitimidad no tiene nada que ver con la justicia. Nadie va preso por cometer actos reñidos con la ética de la izquierda, que siempre proclamó rigurosidad en ese sentido. Mirar para otro lado porque no nos conviene o porque son los “nuestros”, es de un pragmatismo suicida.

Raúl Zibechi / Brecha (Uruguay)

La izquierda cerró filas en torno a Lula, asegurando su inocencia, con el argumento de la falta de pruebas, ya que el juez Sérgio Moro lo procesó por declaraciones de un ejecutivo de la constructora OAS, que al delatarlo se aseguró un trato privilegiado (delación premiada es la figura) por parte de la justicia.

Si los argumentos de Moro, y detrás suyo de la derecha brasileña, suenan cuestionables, los de quienes lo defienden tienen también sus puntos débiles. En efecto, entre Lula y las grandes constructoras brasileñas hubo relaciones carnales, con cruce de favores que pueden no ser ilegales, pero son cuestionables.

Argentina: Hace una década y unos días

Hace diez años y unos días —apenas un suspiro—, como consecuencia del conflicto que se produjo tras la implementación de la Resolución N° 125 del Ministerio de Economía y Producción, comprendimos que los actores más importantes de la actividad agropecuaria —los que tienen muchas hectáreas, muchas vacas y muchas toneladas de soja, trigo y maíz—, consideran que ellos —y nadie más—, son el «campo» y, asimismo, que el «campo» —y nada más—, es la «patria».

Elías Quinteros / Especial para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

La protesta de la Sociedad Rural Argentina en 2008.
Expresado de otra manera, entendimos que la «patria» —desde su punto de vista—, no tiene la superficie que los mapas le otorgan sino los kilómetros cuadrados del «campo»; y que el «campo» —desde su perspectiva—, no tiene la superficie que nosotros le atribuimos sino las hectáreas de sus propiedades. Esto significa que su visión de la «patria» —a diferencia de la nuestra—, coincide con la de una Argentina agroexportadora que cabe dentro de los límites de la Pampa Húmeda: una visión que honra el pensamiento de Domingo Faustino Sarmiento (que abogó por una Argentina con el tamaño de un país europeo y, por ende, con las dimensiones adecuadas para no sufrir los males de la extensión territorial); Bartolomé Mitre (que soñó con una Argentina dedicada al suministro internacional de materias primas, es decir, de materias que no requieren el desarrollo de una política industrial); y Julio Argentino Roca (que garantizó a la Argentina de Sarmiento y Mitre el aprovechamiento económico de la Pampa Húmeda e, incluso, de la Pampa Seca, cuando éstas eran consideradas un «desierto» porque no estaban ocupadas totalmente por una población «blanca» y «civilizada»).

La derecha reescribe la historia latinoamericana

Cuando no se puede borrar la historia, hay que tratar de reescribirla, dándole un sentido radicalmente opuesto al que tuvo en la realidad. Eso intenta la derecha latinoamericana con respecto a los gobiernos progresistas de este siglo en el continente.

Emir Sader / Página12

Después de la euforia con la propuesta neoliberal, que resolvería todos los problemas de nuestros países, reduciendo el Estado a su proporción mínima, promoviendo el dinamismo del mercado, vino la depresión por el agotamiento prematuro del modelo. No hay cómo poner en duda el éxito de los gobiernos antineolibrales, entonces hay que borrar ese tramo de la historia, descalificar a sus personajes y hacer como si no hubieran existido. Es necesario para que la historia (o, mejor, el fin de la historia) siga su curso, para que el pensamiento único trate de imponer de nuevo sus verdades incuestionables y que el Consenso de Washington refuerce su carácter consensual.

Migraciones irregulares: una mirada crítica

Nunca antes como ahora tanta gente huye de situaciones adversas; pero, paradójicamente, nunca antes ha habido tantas situaciones adversas. La riqueza y el bienestar crecen a pasos agigantados para muchos, pero para muchísimos otros también crece (en forma inversamente proporcional) su marginación, su falta de posibilidades, su precariedad.

Cindy López  y Marcelo Colussi / Para Con Nuesra América
Desde Ciudad de Guatemala

Las migraciones han existido siempre en la historia. Podría decirse que si algo caracteriza a la especie humana es su afán de búsqueda, de descubrimiento; de ahí que emigró y cubrió todo el planeta. En ese sentido, las migraciones son un fenómeno positivo. Pero, desde hace ya unas décadas, la arquitectura de la sociedad planetaria globalizada (capitalista) encuentra en las migraciones un problema cada vez más grave. Millones y millones de personas huyen desesperadas de la pobreza y/o la guerra, siempre en países del Sur, para intentar llegar a las islas de prosperidad del Norte (Estados Unidos, Europa, Japón).

sábado, 14 de abril de 2018

La guerra y la paz (esta vez no escrita por Tolstoi)

Dígame usted amigo lector, si no es sumamente peligroso que la humanidad esté en manos de este grupo de mafiosos para quienes el único valor respetable es la obtención de lucro a cualquier precio y en cualquier lugar del mundo, entendiendo que la mejor forma de lograrlo es a través de la exportación del modelo neoliberal y de democracia representativa estadounidense, para lo que cuentan con la OTAN como principal instrumento de imposición.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

La humanidad nunca había estado tan cerca como ahora de una nueva guerra mundial desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962, sin embargo entre un hecho y el otro hay una diferencia sustancial: en aquella ocasión había evidencia de la presencia de cohetes soviéticos en la isla, y en ésta, todo surge de una fabricación mediática y de organizaciones interesadas en mantener el conflicto como vía de autofinanciamiento y lucro, lo cual, fue utilizado por los enfebrecidos sectores de la ultra derecha que ostenta el poder en Estados Unidos como justificación para colocar al mundo en vilo y al borde de decisiones de impensables consecuencias.

¿Qué se cree Donald Trump?

Gobernar Estados Unidos no debe equivaler a sentarse frente a una pantalla y con sendos controles colmados de teclas comenzar a borrar del mapa ciudades y pueblos al antojo, y trazar nuevas fronteras a un mundo que en la ficción de un sueño de poder se pretende manejar como a un balón de fútbol.

Luis Manuel Arce / Prensa Latina

Donald Trump, quien había planeado ir a Lima donde ciertos presidentes latinoamericanos durante una cumbre borrascosa le besarían sus manos, decidió de pronto anunciar al mundo que tendría que enviar a su vicepresidente al insignificante encuentro en tierra inca porque había priorizado bombardear con cohetes, por segunda vez, a una parte de Siria.

Su inteligentísima y persuasiva secretaria de Prensa, Sarah Sanders, fue muy específica al anunciar que a petición del presidente, el vicepresidente viajará en su lugar a Perú, pues Trump permanecerá en Estados Unidos para supervisar la respuesta estadounidense a Siria y monitorizar el desarrollo de reacciones en el mundo.

Todos con Lula

Es obligatorio defender a Lula, porque Lula más que nunca representa la democracia participativa en este momento tan particular de América Latina, donde se ha hecho más evidente el rol subalterno de la justicia al servicio de las oligarquías locales.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Aunque abunden las noticias y se multipliquen en las redes sociales los pedidos a favor de la libertad de Lula. No es Lula, es todo lo que representa y lo que representa excede Brasil, abarca a toda América Latina, se impone en el mundo, un mundo arrasado por el neoliberalismo más atroz que está dispuesto a borrar de la faz de la tierra a naciones enteras por su aviesa y desbocada voracidad.

Lula, las infamias del neoliberalismo

El encarcelamiento de Lula, impedirle de esa manera el ser candidato a presidente (siendo el candidato más popular), era el objetivo final del golpe de estado que sufrió la expresidenta Dilma Rousseff en 2016.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

El sábado 7 de abril de 2018, Luiz Inacio Lula Da Silva, salió caminando de la sede de su sindicato, el Sindicato de Metalúrgicos, en Sao Bernardo do Campo, en donde permanecía protegido por una multitud. En su discurso pronunciado antes de entregarse a la justicia brasileña para ser encarcelado, Lula dijo: “hace muchos años soñé que era posible gobernar este país involucrando a millones y millones de personas pobres en la economía, llevando millones de personas a las universidades, creando millones de empleos en este país”. Lula  es  la cabeza más visible de un vasto movimiento político que deberá mostrar fuerza. Sin una masiva movilización de protesta, el neoliberalismo consumará la infamia de encarcelarlo por años o al  menos lo suficiente  como para que no sea presidente. El tiempo dirá si resulta cierta la frase de una niña en 1982 y que Lula recordó en su discurso: “los poderosos pueden matar una, dos o tres rosas, pero nunca podrán detener la primavera”.

Brasil y el avance de la derecha. ¡Por la excarcelación de Lula!

¿Por qué hay que defender a Lula y pedir su inmediata excarcelación? Porque lo que se está cometiendo es un atentado a la clase trabajadora, un mensaje de avasallamiento de los sectores poderosos (brasileños y estadounidenses) contra las capas populares. Defender la institucionalidad democrática actual en Brasil y evitar este fenomenal avance de la derecha más conservadora y primitiva es, en esta coyuntura, lo más revolucionario que se pueda pedir.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

Buena parte del siglo XX, hasta entrada la década de los 70, estuvo marcada por el avance de las luchas populares. Ello se dio así en todo el mundo. Producto de eso, varios países comenzaron a transitar la senda del socialismo, y en mucho otros, las clases trabajadoras fueron ganando importantes espacios y conquistas. Pero desde los 80 del pasado siglo se ve una involución en todo el orbe; en Latinoamérica fueron sangrientas dictaduras las que prepararon el terreno, mientras que en otras latitudes el proceso tuvo otras características, pero por todos lados los planes de capitalismo salvaje (eufemísticamente llamado neoliberalismo) fueron estableciéndose con fuerza creciente. De esa cuenta, se desarmaron avances populares significativos, organizaciones populares, grupos de izquierda. Movimientos revolucionarios de acción armada se desarmaron y el marxismo como método de análisis quiso ser puesto en el museo de la historia. La ideología dominante fue el puro individualismo, la entronización del mercado, la apología de la empresa privada sobre el Estado. El consumismo banal y un espíritu hedonista ramplón ganaron la escena.

Lo que está en juego en la actual crisis brasileira: ¿recolonización o refundación?

La derrota de Lula en el STF a propósito del rechazo del habeas corpus y su eventual prisión, revela la vuelta de las fuerzas del atraso que perpetraron el golpe parlamentario, jurídico y mediático contra Dilma Rousseff en 2016. La gran cuestión no se restringe a la difamación de nuestro mayor líder, condenado sin pruebas convincentes, y a la sangría del PT. Se están enfrentando dos proyectos que van a definir nuestro futuro: larecolonización o la refundación.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

El proyecto de la recolonización fuerza a Brasil a ser mero exportador de commodities. Esto implica desnacionalizar nuestro parque industrial, nuestro petróleo, las grandes instituciones estatales. Se trata de dar el mayor espacio posible al mercado competitivo y nada cooperativo y reservar al Estado solamente funciones esenciales mínimas.

Este proyecto cuenta con aliados internos y externos. Los internos son aquellos 71.440 multimillonarios censados por el IPEA que controlan gran parte de las aportaciones del país. El aliado externo son las grandes corporaciones multinacionales, interesadas en nuestro mercado interno y, principalmente, el Pentágono que vela por los intereses globales de Estados Unidos.